sábado, 27 de marzo de 2010

Aislamiento por enfermedad


Esta fue mi última comida antes de "la quarentena".


El insomnio es un problema que padezco desde hace mucho. Tal vez no sufra de él como otros que no pueden dormir todos los dias y siempre andan somnolientos. Pero me cuesta mucho dormir, aunque tampoco se me hace imposible. La falta de sueño me trae problemas a la hora de levantarme, y de ahí tengo que esperar día tras día para que se regule mi reloj biológico.

Esta no es la peor parte, resulta que desde el 24 de marzo tenía el estómago flojo. No estoy seguro de el porqué, ya que no me acuerdo de haber comido nada "sucio" aquel día ni el anterior. Recuerdo claramente que esa noche no pude dormir, me dolía el estomago como si tuviera algo adentro, vivo. Sentía claramente cada pequeño retorcijón en mi estómago, y no se porqué se me ocurrió ir a la cocina y beber café. Mi manera de preparar café es un poco diferente a las demás. Yo lo cargo fuertemente a la americana y luego lo atenúo con azucar. Lo paradójico es que creo que me ayudó a dormir.

El día jueves no pude realizar ninguna actividad. Le dije a mi mamá, que se preocupó bastante. Falté a mis clases de natación (mi mamá piensa que tengo cuerpo de nadador, y que tengo que sacar espalda. Aunque no lo puse en mis datos personales, es necesario que sepan que tengo 17 años, para que asimilen mi humillación al estar entre un montón de niños mucho menores que yo). Ese día tuvo dos sorpresas que no esperaba encontrar:

Primera; estaba todo el día hechado en la cama, no podía moverme por miedo al "parasito". Mi hermana me llamó, y no recuerdo si estaba dormido o no; en todo caso estaba en el limbo. Dijo que estaba el serrano afuera ¡Que manera de molestar el serrano! Afuera estaba él con alguien más sentado en el tronco ¿Quien podría ser? Era el guitarrista, que había sugerido venir a mi casa. Si, soy tímido, y por lo tanto no me atrevó a decir no a muchas cosas, pero en esta si lo hice por pura cortesía mía. Conversamos bastante, sobre música y de ahí fuimos a mi cuarto de la batería. Tocamos un buen rato y nos reímos (el serrano todavía es un principiante en la guitarra, aunque le mete mucho empeño). Al fin nos pusimos a conversar en el tronco, y poco antes de que se vayan vino la segunda sorpresa:

Una amiga de mi hermana se iba a quedar a dormir. No había hablado nunca antes con ella. La primera vez que hablamos fue en la cocina. Con mi estomago flojo fui a servirme un vaso de agua. Estaba ella y un otro amigo de mi hermana (que gracias a dios no se quedo a dormir ¡Mi casa no es un hotel!) hablando mientras tambien tomaban agua. Al principio los ignoré, puesto que yo solo quería mi vaso con agua, pero noté el ambiente más silencioso y espeso.
¿Porqué me miran tanto? Dije con un tono simpático.
¿Cómo te llamas? Dijo ella seguido por un montón de preguntas "niñezcas" (y si, si sé que no existe la palabra, las comillas cumplen su función). Y así terminó mi simpatía. Estoy seguro de que volvimos a hablar, pero ya no con la misma fluidez con la que estaba dispuesto ese día.

Viernes, de descanso. Todo el viernes traté de convencer a mi mamá de que me lleve al doctor. Tenía una licuadora en el estomago. Ella dijo que no era tan grave y lo mejor que podía hacer era alimentarme bien. Ahora mis dolores se han apaciguado, pero en todo caso les avisaré si vuelven.

2 comentarios:

  1. Como siempre me encanta tu narrativa y ya era hora de que te encargues de tus fallas horrograficas

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  2. Te contaré que el café manda automáticamente a dormir como un bebé a mi esposo, asi que una vez más se rompieron reglas y se aprendió algo nuevo.

    Me alegro que el Allien de tu estómago se haya amansado.

    Gracias por visitar mi café, y como me gusta mucho más el chocolate, te visitaré seguido

    saludos!

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