Por ejemplo:
Un sábado, grande, magnífico y lleno de infinitas posibilidades de actividades para hacer. No puedo llamar a nadie en la noche porque no estan en sus casas. Si estuvieran igual no tengo los números porque no tengo donde anotarlos (nunca nadie tiene una pluma a la mano, mucho menos un libreto y yo tengo pésima memoria). Por eso me toca ir a "lugares frecuentes" y ver con quién me encuentro. Odio ese tipo de encuentros, en serio; la mayoría de las veces no se puede hacer algo más allá de "estar" en un lugar. Si tuviera un celular, estaría al tanto de muchas idas a la playa, centro comercial, fiestas de interes, etc.
Por favor, no crean que trato de victimizarme. Estoy siendo lo más objetivo posible. Ese no es mi punto; si quisiera escribir sobre mi triste vida lo haría, pero no me quejaría de ella. Mi punto es la manera en la que nos hemos dejado apoderar por la tecnología, y para ser más preciso del consumismo y materialismo.
Yo no tengo celular. Quisiera uno porque me serviría para muchas cosas. Mi mamá es sobreprotectora, al menos eso creo. Más de una vez me ha ido a buscar por media ciudad (a pesar de lo conmovedor o en mi parte desconsiderado que parezca, me parece comico pensar que mi mamá me imagine muerto en la calle). Desde junio del año pasado me tiene con la misma promesa de qué me va a comprar un Blackberry. No crean que mi mamá es cruel, y para los que se encuentran en los estratos superiores a la clase media; no, tampoco somos pobres. Porta tiene una preferencia para los que tienen cuentas bancarias en cierto banco, y mi mamá no tiene una ahí. Mi mamá sigue insistiendo en sacarme ese celular.
El problema no es tener un Blackberry. En mi caso como ya dije me serviría mucho. Solo no quiero terminar como la mayoría de sus dueños. Cuando me quedo con alguien con alguno de esos aparatos, prefieren estar con los ojos a 5 centimetros de la pantalla que hablar con los demás. Muchos nos automatizamos por esos aparatos y nos volvemos dependientes. Obviamente hay excepciones, pero aún así perdemos poco a poco los que nos queda de humanidad y nos volvemos menos independientes de los caprichos.

