martes, 30 de marzo de 2010

La falta (personal) de comunicación

Comunicación: esa palabra tan exquisita de la que carezco en muchos sentidos. Soy tímido, de eso no hay duda; incluso cuando bailo (muy pocas veces) o hago actividades donde no se requiere hablar se me puede notar tímido. Como sea, la tímidez no es mi mayor problema ahora. No es la falta de extroversión, sino falta de celular. Sonará estúpido, pero en parte, y una considerable fuera de mi frustración y excusas para la tímidez es verdad. Sin celular, no se puede saber donde está el mundo en mundo que no está.

Por ejemplo:
Un sábado, grande, magnífico y lleno de infinitas posibilidades de actividades para hacer. No puedo llamar a nadie en la noche porque no estan en sus casas. Si estuvieran igual no tengo los números porque no tengo donde anotarlos (nunca nadie tiene una pluma a la mano, mucho menos un libreto y yo tengo pésima memoria). Por eso me toca ir a "lugares frecuentes" y ver con quién me encuentro. Odio ese tipo de encuentros, en serio; la mayoría de las veces no se puede hacer algo más allá de "estar" en un lugar. Si tuviera un celular, estaría al tanto de muchas idas a la playa, centro comercial, fiestas de interes, etc.

Por favor, no crean que trato de victimizarme. Estoy siendo lo más objetivo posible. Ese no es mi punto; si quisiera escribir sobre mi triste vida lo haría, pero no me quejaría de ella. Mi punto es la manera en la que nos hemos dejado apoderar por la tecnología, y para ser más preciso del consumismo y materialismo.

Yo no tengo celular. Quisiera uno porque me serviría para muchas cosas. Mi mamá es sobreprotectora, al menos eso creo. Más de una vez me ha ido a buscar por media ciudad (a pesar de lo conmovedor o en mi parte desconsiderado que parezca, me parece comico pensar que mi mamá me imagine muerto en la calle). Desde junio del año pasado me tiene con la misma promesa de qué me va a comprar un Blackberry. No crean que mi mamá es cruel, y para los que se encuentran en los estratos superiores a la clase media; no, tampoco somos pobres. Porta tiene una preferencia para los que tienen cuentas bancarias en cierto banco, y mi mamá no tiene una ahí. Mi mamá sigue insistiendo en sacarme ese celular.

El problema no es tener un Blackberry. En mi caso como ya dije me serviría mucho. Solo no quiero terminar como la mayoría de sus dueños. Cuando me quedo con alguien con alguno de esos aparatos, prefieren estar con los ojos a 5 centimetros de la pantalla que hablar con los demás. Muchos nos automatizamos por esos aparatos y nos volvemos dependientes. Obviamente hay excepciones, pero aún así perdemos poco a poco los que nos queda de humanidad y nos volvemos menos independientes de los caprichos.

sábado, 27 de marzo de 2010

Aislamiento por enfermedad


Esta fue mi última comida antes de "la quarentena".


El insomnio es un problema que padezco desde hace mucho. Tal vez no sufra de él como otros que no pueden dormir todos los dias y siempre andan somnolientos. Pero me cuesta mucho dormir, aunque tampoco se me hace imposible. La falta de sueño me trae problemas a la hora de levantarme, y de ahí tengo que esperar día tras día para que se regule mi reloj biológico.

Esta no es la peor parte, resulta que desde el 24 de marzo tenía el estómago flojo. No estoy seguro de el porqué, ya que no me acuerdo de haber comido nada "sucio" aquel día ni el anterior. Recuerdo claramente que esa noche no pude dormir, me dolía el estomago como si tuviera algo adentro, vivo. Sentía claramente cada pequeño retorcijón en mi estómago, y no se porqué se me ocurrió ir a la cocina y beber café. Mi manera de preparar café es un poco diferente a las demás. Yo lo cargo fuertemente a la americana y luego lo atenúo con azucar. Lo paradójico es que creo que me ayudó a dormir.

El día jueves no pude realizar ninguna actividad. Le dije a mi mamá, que se preocupó bastante. Falté a mis clases de natación (mi mamá piensa que tengo cuerpo de nadador, y que tengo que sacar espalda. Aunque no lo puse en mis datos personales, es necesario que sepan que tengo 17 años, para que asimilen mi humillación al estar entre un montón de niños mucho menores que yo). Ese día tuvo dos sorpresas que no esperaba encontrar:

Primera; estaba todo el día hechado en la cama, no podía moverme por miedo al "parasito". Mi hermana me llamó, y no recuerdo si estaba dormido o no; en todo caso estaba en el limbo. Dijo que estaba el serrano afuera ¡Que manera de molestar el serrano! Afuera estaba él con alguien más sentado en el tronco ¿Quien podría ser? Era el guitarrista, que había sugerido venir a mi casa. Si, soy tímido, y por lo tanto no me atrevó a decir no a muchas cosas, pero en esta si lo hice por pura cortesía mía. Conversamos bastante, sobre música y de ahí fuimos a mi cuarto de la batería. Tocamos un buen rato y nos reímos (el serrano todavía es un principiante en la guitarra, aunque le mete mucho empeño). Al fin nos pusimos a conversar en el tronco, y poco antes de que se vayan vino la segunda sorpresa:

Una amiga de mi hermana se iba a quedar a dormir. No había hablado nunca antes con ella. La primera vez que hablamos fue en la cocina. Con mi estomago flojo fui a servirme un vaso de agua. Estaba ella y un otro amigo de mi hermana (que gracias a dios no se quedo a dormir ¡Mi casa no es un hotel!) hablando mientras tambien tomaban agua. Al principio los ignoré, puesto que yo solo quería mi vaso con agua, pero noté el ambiente más silencioso y espeso.
¿Porqué me miran tanto? Dije con un tono simpático.
¿Cómo te llamas? Dijo ella seguido por un montón de preguntas "niñezcas" (y si, si sé que no existe la palabra, las comillas cumplen su función). Y así terminó mi simpatía. Estoy seguro de que volvimos a hablar, pero ya no con la misma fluidez con la que estaba dispuesto ese día.

Viernes, de descanso. Todo el viernes traté de convencer a mi mamá de que me lleve al doctor. Tenía una licuadora en el estomago. Ella dijo que no era tan grave y lo mejor que podía hacer era alimentarme bien. Ahora mis dolores se han apaciguado, pero en todo caso les avisaré si vuelven.